El cuento de la austeridad

Resulta destacable cómo la izquierda, después de Zapatero y de la derrota electoral, está consiguiendo la hegemonía en el terreno de las ideas a la hora de explicar la crisis económica. Y digo ideas en plural porque así suele decirse, aunque en realidad lo está logrando con una sola. En palabras de Patxi López el sábado en El País: “la actual recaída en la crisis económica no es consecuencia del déficit ni del nivel de deuda pública de España, uno de los más bajos de Europa, sino de la nefasta política de austeridad que se ha impuesto”. Y la declaración de Felipe González el mismo día y en el mismo periódico: “La austeridad hasta la muerte conduce a la muerte”. ¿Qué entenderán por austeridad? ¿Tiene esta mortal austeridad alguna relación con lo que pasa en España? [...]

En la prensa

Escribe Arcadi Espada que no se puede engañar a la gente con lo de que España es “Una gran nación” (El Mundo). John Müller apunta que entre Repsol y Red Eléctrica hay “Diferencias y una gran duda” (El Mundo). Ignacio Camacho, sobre el crédito exterior de España: “El chivo expropiatorio” (ABC). Pasada de rosca, como es habitual, Isabel San Sebastian se echa al cuello de la número dos del PSOE: “Elena Valenciano no terminó políticas” (ABC). Francesc de Carreras tira también del artículo de F. González: “Patriotismo y nacionalismo” (La Vanguardia). Xosé Luis Barreiro, de una izquierda de magos: “Después del Primero de Mayo” (La Voz de Galicia). Jesús Cacho argumenta su pesimismo: “Lo que hay que recuperar de verdad es España” (Vozpópuli). Juan R. Cuadrado Roura nos cuenta “Dos buenas noticias y otra poco comprensible” (Expansión). Y Roger Senserrich dice que hay mucho que liberalizar para librarse de “El ataque de los vampiros capitalistas” (Politikon).

El virus francés

El dieciocho por ciento de los votos obtenidos por el Frente Nacional en las elecciones francesas ha acrecentado el caudal de artículos sobre el peligro que la extrema derecha populista supone para Europa. El pasado lunes, Felipe González publicó en el diario El País su contribución a la corriente, el cual comenzaba de manera rotunda: “El nacionalismo ha sido el virus que ha destruido a Europa durante la primera mitad del siglo XX”. Parece difícil discutir la afirmación. Y González nos alerta de que “de nuevo galopa esa bestia del nacionalismo insolidario”. En fin, “Los nacionalismos contra la Unión”, que así se titula el artículo. [...]

En la prensa

Imprescindible J.M. Ruiz Soroa sobre el privilegio de Euskadi y el lehendakari: “Fatuidad no, por favor” (El Correo). Dice Roberto Blanco Valdés que bien está lo de “Los viernes, milagro”, pero que Gobierno explique de una vez cuál es su agenda a medio plazo (La Voz de Galicia). Sostiene Xavier Sala i Martín que el problema no son los mercados: “Crisis (36): el problema es el Gobierno” (La Vanguardia). César García hace unas buenas “Reflexiones sobre la Universidad” de birria que tenemos (El Mundo). Félix de Azúa se refiere a la crisis en Islandia, Irlanda y Grecia: “Las churras y las merinas” (El País). Elvira Lindo dice que estamos “Sin debate” porque no sabemos debatir (El País). Y Gabriel Albiac explica lo de Evo Morales: “¡Hechicería, estúpidos, la hechicería!” (ABC).

Manifestaciones para mayores de 35 años

Vi ayer una buena cantidad de fotografías de las marchas del Primero de Mayo. Y parecían manifestaciones para mayores de 35 años. Los sindicatos tienen un problema, y lo saben: “Los responsables de las centrales admiten el deterioro de su imagen en los últimos años. Lezcano reconoce que tiene mucho que ver con la “institucionalización” de las organizaciones y de las negociaciones permanentes que mantienen con los responsables políticos que hace que se asocie su imagen a la de estos últimos. Y, como Cubillo, defiende que gran parte del desapego que sienten los jóvenes hacia ellos tiene que ver con esto” (El País de ayer). Podría ser que los jóvenes fueran así de limitados, que se alejaran de los sindicatos porque se sientan con los políticos. No obstante, también cabe la posibilidad de que los jóvenes entiendan lo que hacen los sindicatos, y que por esa razón se mantengan a buena distancia de ellos. Los sindicatos se han convertido en el gran impedimento para reformar una legislación laboral que ha marginado a los jóvenes, hasta el punto de que puede decirse que la crisis económica en España es una cuestión que afecta fundamentalmente a los menores de 35 años. Como demostraba ayer Javier García en Sintetia con un oportuno artículo, y unos gráficos ciertamente ilustrativos, que se puede resumir con uno de sus resaltados: “La destrucción de empleo en España lo ha sido, prácticamente en su totalidad, de jóvenes menores de 35 años”. Vergüenza da ver a la izquierda defender una legislación laboral que tanta desigualdad provoca, y a la derecha que gobierna oponiéndose a acabar con la injusta dualidad del mercado laboral en España mediante la aprobación de un contrato único para todos los trabajadores.

En la prensa

Fernando Fernández contra el populismo de derechas y de izquierdas en Europa: “De Hollande y Holanda” (ABC). Arcadi Espada se pregunta “quién se dedica a la política en el Gobierno”: “¡Haga como yo!” (El Mundo). No estoy muy seguro de que acierte Victoria Prego: “El fin de la adolescencia” (El Mundo). Patxo Unzueta habla de Pujol: “La decepción del padre” (El País). Xavier Vidal-Folch dice que “Ojalá fuese la herencia” que él relativiza (El País). Xosé Luis Barreiro sostiene que los recortes no son la causa, sino el efecto: “Digamos lo mismo con otros ejemplos” (La Voz de Galicia). Fernando Ónega piensa que el Gobierno peca de soberbia: “La razón absoluta” (La Vanguardia). Y Fernando Glez. Urbaneja ve “Demasiados avatares para el Presupuesto 2012” (República).

Doble rasero

Juan Luis Cebrián se refería a la menguante influencia de los periódicos en la entrevista que publicó Jot Down el lunes. ¿Podría ser que, entre otras cosas, la prensa haya perdido credibilidad por utilizar con tanta frecuencia una doble vara de medir? Ayer, el diario El País utilizaba las páginas 2 y 3 para informar sobre el intento de los dos candidatos franceses de atraer a los votantes del Frente Nacional. No parece haber mucho problema si lo hace el candidato de la izquierda: “Hollande critica la austeridad para captar sufragios del Frente Nacional”. Sin embargo, si es el líder de la derecha el que intenta captar esos votos, el titular descalifica: “Sarkozy sale a la caza del voto xenófobo”. El doble rasero. Lo mismo ocurre cuando se insiste en calificar de xenófobos a los nacionalistas franceses. Ciertamente lo son, pero se les tilda de xenófobos por decir prácticamente lo mismo que otros partidos nacionalistas, como el PNV o CiU, a los que El País jamás se ha atrevido a denominar de ese modo. Lo dicho, el doble rasero que nos hace desconfiar de lo que nos cuentan los periódicos.

En la prensa

Manuel Martín Ferrand escribe sobre “Un gran país” incapaz de cumplir sus presupuestos (ABC). Ignacio Camacho, sobre el déficit que dejó el PSOE: “Sin remordimiento” (ABC). Fernando Ónega se refiere a los políticos: “Claro que son el tercer problema” (La Voz de Galicia). Pablo Sebastián opina que “Rubalcaba consolida su liderazgo” (República). Manuel Jabois, para este Gobierno “Todo es prioridad” (El Mundo). José Luis Martínez Campuzano cree que la solución debe ser para “Una crisis entre dos Europas” (El Mundo). Pablo Salvador Coderch habla de una reforma mal hecha o sin hacer: “Tasas y reestructuración universitaria” (El País). Alexandre Muns sostiene que hay que “Mantener el rumbo fijo” de los recortes (Cinco Días). Y Florencio Domínguez dice que ETA y Batasuna no puede hacer autocrítica: “La vida sin ellos” (La Vanguardia).

Desigualdad natural

Recibo un mensaje en el blog a cuenta de la entrada de ayer del que extraigo lo fundamental: “Ayer hablaste de igualdad y hoy te has metido con el 15-M que queremos la misma igualdad para todos los ciudadanos. Es injusto que Botín influya más en esta democracia que un ciudadano normal. No estás de acuerdo en que todos debemos influir lo mismo en la política?”. En realidad, da igual que esté o no de acuerdo, porque resulta imposible que en cualquier grupo humano todos sus integrantes tengan la misma influencia. Pero no estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo en que en un grupo universitario tenga la misma influencia el profesor que los alumnos. No estoy de acuerdo en que en una empresa tenga la misma influencia un ingeniero que un auxiliar administrativo. Y claro está, no estoy de acuerdo en que tenga la misma influencia en la comunidad política una persona formada y con experiencia que cualquier patán. Todos los grupos sociales tienen personas con más predicamento que otras y en todos hay personas que lideran y otras que son incapaces de hacerlo. Y quien piense que pueden existir grupos humanos en los que todos sus miembros influyan por igual es porque desconoce los fundamentos de la biología o porque cree en los milagros. ¿Un hombre, un voto? Por supuesto. ¿Igualdad de derechos? Desde luego. ¿Igualdad de oportunidades? Cuanta más mejor. Pero a partir de ahí, la desigualdad en los resultados es lo natural en una especie cuyos miembros tienen capacidades tan desiguales desde el momento en que nacen. Y además resultaría estúpido obligar a los más capaces a reducir su capacidad de influencia y liderazgo para igualarles con los menos dotados o entrenados, porque la sociedad sería bastante más pobre en todos los sentidos.

En la prensa

Ignacio Camacho, sobre el vulgar sectarismo de la política en las redes sociales: “Cristobitas” (ABC). Manuel Martín Ferrand, sobre partidos, mentiras y patadas en la puerta: “Las conchas del galápago” (ABC). Escribe Arcadi Espada que “Madame Le Pen se parece tanto a la extrema derecha como al 15-M”: “Dos vueltas” (El Mundo). J.M. Ruiz Soroa, sobre la memoria histórica amputada y sectaria: “Esto no es con-memoria” (El Correo). Manel Pérez lo ve negro: “A 87 puntos de Irlanda” (La Vanguardia). Hasta José María Ridao le echa a la globalización la culpa de nuestros males, también de los políticos: “La socialdemocracia en su laberinto” (El País). Para compensar, el optimismo socialdemócrata de Jordi Vaquer sobre Europa: “Vuelve la política” (El País). Y Gonzalo Bareño dice que de algo podemos presumir: “España, frontera europea del voto ultra” (La Voz de Galicia).