Cerrado por viaje

Esta semana estoy de viaje, así que no habrá textos nuevos en el blog hasta el lunes 27 de febrero. No obstante, para que no digan, les voy a echar unas flores aquí para que, aunque vacía, quede la casa aparente. Espero que me las rieguen para que no se me mueran mientras estoy fuera. Gracias por su colaboración y hasta la vuelta.

En la prensa

A Victoria Prego le gustó la reunión entre Rajoy y Rubalcaba: “Dos profesionales” (El Mundo). Y a David Gistau le gustó Soraya Rodríguez: “El reverso de Soraya” (El Mundo). Roger Senserrich sostiene que sobra la moralina: “Rescates, desastres económicos y moralina a destiempo” (Politikon). Ludwig Greven lo ve bastante más simple de lo que lo veo yo: “La terapia mortal de Bruselas” (Die Zeit). Xosé Luis Barreiro Rivas se pitorrea de estos “aficionados”: “¿Cuánto déficit tenemos? ¡Muchísimo!” (La Voz de Galicia). Alexandre Muns da un paseo por España y Europa: “Un modelo liberal-social en la UE” (Cinco Días). Fernando Fernández relaciona las dos cosas: “Reforma laboral pensando en Grecia” (ABC). Razonable Patxo Unzueta: “Rubalcaba vuelve a casa” (El País). Y el buen estudio de Fernando Jiménez y Vicente Carbona, con conexión lanzaroteña, que me ha mandado Alex Solar: “Esto funciona así: Anatomía de la corrupción en España” (Letras Libres).

Baratijas ideológicas para la crisis

Hay una idea que se repite desde hace mucho tiempo, y tanto que es raro el día en el que no la encontramos en la prensa: la austeridad no es la solución a la crisis, hacen falta medidas para impulsar el crecimiento. Los partidarios de la solución keynesiana argumentan que la prueba de que la austeridad no es el remedio resulta tan evidente como rotunda: llevamos cuatro años de profunda crisis económica en España y se nos anuncia que el quinto va a ser incluso peor, esto es, que los ajustes del gasto público han estrangulado el crecimiento económico. Parece indiscutible que la economía española no remonta, que persiste la gravedad de la crisis. Ahora bien, ¿es seguro que lo sucedido da la razón a unos y se la quita a otros? [...]

En la prensa

Fernando Savater destroza la línea editorial de El País sobre ETA: “En memoria de Joseba”. Tiene razón Mónica Mullor en que habría que abordar la cuestión: “¿Para cuándo la reforma del funcionariado?” (Libertad Digital). John Müller, sobre el culebrón de ayer: “La pistola humeante del 8,2%” (El Mundo). Y Fernando Ónega dice que es “Falso, rotundamente falso, pero verosímil” (La Voz de Galicia). Primo González entiende que “Bruselas mete prisa” (República de las Ideas). Para Teodoro León-Gross parece que esto no tiene remedio: “Otro Gobierno que nos mienta” (Diario Vasco). Gabriel Albiac duda de que esta Grecia sea la patria de la antigua: “El señor de Delfos” (ABC). Y Christine Ockrent repasa la campaña electoral en Francia: “La obsesión alemana” (El País).

P’alante

Lo leo y… lo encuentro gracioso: “Wert defiende un sistema de becas universitarias asociadas al rendimiento” (El País). Lo vuelvo a leer y… ¡es en serio! No puede ser: “Es el nivel socioeconómico el que determina la beca y prácticamente no hay condicionamiento en el otorgamiento y la continuidad de la misma respecto al rendimiento”. Igual da el buen estudiante que el malo. Igual le pagamos. Quizá con una noticia como esta se entienda mejor la idea de que en la educación en España no se premia el esfuerzo de los estudiantes. La cultura del esfuerzo que dicen algunos. Y claro, cuando el esfuerzo y el mérito personal no son la primera medida para los alumnos, el sistema deja de primar la excelencia. Y la educación del país se distingue, como pone de manifiesto el informe Pisa, por ser muy igualitaria y porque apenas tiene alumnos que obtengan resultados excelentes: el ancho mar de la mediocridad… de los que no fracasan. Y cuando el sistema educativo condena la excelencia porque provoca desigualdad –que ciertamente la provoca–, pues el país tiene asegurada una crisis de tres pares de narices. Y ojo al parche, porque ya tenemos parche: cambiamos un año de secundaria por uno más de bachillerato y p’alante.

En la prensa

Empiezo los artículos sobre la reforma laboral con el de Lucía Méndez, “Micrófonos y verdad” (El Mundo). Gonzalo Bareño dice que ahora depende de los empresarios: “La pistola y la bala en la reforma laboral” (La Voz de Galicia). Pilar Rahola cree que “Se les ha ido la mano” (La Vanguardia). También Primo González sobre la reforma: “El caldo de la huelga general” (República de las Ideas). Da cosa ver a un periodista, Juan Carlos Girauta, aplaudiendo tanto al Gobierno: “Por fin el futuro” (ABC). José Manuel Naredo, sobre la crisis financiera e inmobiliaria: “El dedo en la llaga” (Público). Santiago González y los 4.570 € de la cena de Garzón: “Querido Henry (Kissinger)” (El Mundo). Y Panos Panagiotopoulos dice que no es eso: “Un paso más hacia ninguna parte” (To Ethnos).

El fuego griego

Vuelvo a leer a alguien que pide más. Más de todo lo importante: “Más libertad, igualdad y fraternidad”. Parece que lo pide por solidaridad con los sans-culottes que andan prendiendo fuegos en Atenas. ¿Quién? Qué más da. Hay personas por las que no pasa la historia: aún creen que basta con desear algo para que sea posible. Son incapaces de ver la imposibilidad de convertir la fraternidad en programa político o de hacerse una de las grandes preguntas: ¿de cuánta libertad es lícito privar a los ciudadanos para conseguir más igualdad? Para ellos todo es posible, más de todo. Optimismo irracional: el alimento de la utopía. Quizá no recuerden que el lema solía gritarse más largo, que tenía un añadido: “¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!”. Pero pasó el tiempo y se olvidaron de la muerte. Lógico. Hasta en la Wikipedia: “abandonada rápidamente por evocar reminiscencias del Terror”. Sí, “El Terror”, con mayúsculas. Porque El Terror de la “libertad, igualdad, fraternidad o la muerte” fue una de las grandes aportaciones de la Revolución Francesa a la política contemporánea. El primer intento a gran escala de utilizar la muerte para imponer la igualdad a costa de la libertad y, claro está, de la fraternidad. Y en su alborozo por la nueva esperanza que alumbra el fuego griego, algunos olvidan o prefieren olvidar el último componente de la fórmula mágica que prescriben: Madame La Guillotine.

En la prensa

María Blanco, sobre la reforma: “La penúltima reforma laboral del gobierno” (Vozpópuli). José Oneto la ve bien, pero no como se contó: “Reacciones a una reforma nada equilibrada” (República de las Ideas). A Ignacio Camacho le preocupa la contestación de la izquierda en la calle: “El escenario griego” (ABC). Jon Juaristi, sobre los relatos de buenos y malos de la izquierda: “Relatos” (ABC). El pesimismo de Albino Prada: “Bajo la maldición del enladrillamiento nacional” (La Voz de Galicia). Santiago González hurga en la “Herida abierta” de los socialistas (El Mundo). Josep Oliver cuestiona los cantos y cantes contra la austeridad: “¿Austeridad o crecimiento?” (Cinco Días). Y Pablo Ruiz-Jarabo reivindica la construcción europea: “¿Por qué es la Unión Europea impopular?” (El País).

Una mala ley: la reforma laboral

Si nos fijamos en los titulares de los periódicos que más han apoyado la medida, concluiríamos que, por fin, se ha hecho una reforma laboral en España que nos acerca a los países europeos más avanzados: “Una reforma laboral histórica” (ABC); “Revolución laboral” (El Mundo). Y lo mismo podríamos pensar si atendemos a la radical oposición a la reforma de los más conservadores en este terreno (sindicatos, PSOE, IU, 15-M), que esta nueva reforma laboral podría lograr que España pareciera Dinamarca. No es así, pese a ser claramente mejor que la del gobierno anterior, España seguirá lejos de Dinamarca después de esta decepcionante reforma, después de esta nueva oportunidad perdida para ponernos a la altura de los mejores. [...]

En la prensa

Arcadi Espada escribe sobre la inanidad del socialismo catalán: “Polinomios de Cataluña” (El Mundo). David Gistau, sobre el pleno de ayer en el Parlamento: “Viejos enemigos íntimos” (El Mundo). Aunque poco, aún leo a Josep Ramoneda: “Política y sentido” (El País). Fernando Fernández echa en falta un plan de actuación: “Un plan estratégico de país” (ABC). Cada vez hay más dudas con la reforma laboral: Fernando Glez. Urbaneja, “Reforma laboral, Franco y Millán-Astray” (República de las Ideas). Félix Madero se refiere a Gallardón: “Un político audaz” (Diario Vasco). Marc Peeperkorn piensa que nos están preparando para lo que venga: “La salida de Grecia ya no es tabú” (De Volkskrant). Y Carlos Arribas dice que la sentencia de Contador contenta a todos: “Justicia creativa” (El País).