En la prensa

Robert J. Shapiro habla del país que Krugman puso de ejemplo: “Argentina no debe pertenecer al G-20” (El Mundo). John Müller, sobre la carencia de relato del Gobierno: “¿La amnistía fiscal beneficiará a Otegi” (El Mundo). Xavier Vidal-Folch critica la tutela del BCE sobre la banca: “Guindos se ata la soga al cuello” (El País). Enrique Costas Lombardía escribe que nuestra sanidad no es tan buena como algunos creen: “Sanar la sanidad” (El País). El artículo de Francesc de Carreras vale por los párrafos transcritos al final de Miguel Sebastián: “La razón moral del indignado” (La Vanguardia). Manel Pérez cree que el BCE no cumple lo pactado: “¿Dónde está Draghi?” (La Vanguardia). Para Xavier Sala i Martín, los griegos juegan al poker: “Crisis 37: Grecia ‘all in’” (La Vanguardia). Y Pablo Sebastián critica que “Rajoy muerde la mano tendida de Rubalcaba” (República).

Las cuentas españolas no cuadran

Dejo esto un par de días para dedicarme a otros menesteres y… me ponen el país patas arriba. Así lo resumía el diario El País en su portada del martes: “La desconfianza acorrala a España”. ¿Por qué desconfían de España? Los motivos, claro está, son variados. Pero hay uno en especial del que se habla menos, aunque a menudo esté implícito. Por ejemplo en la información de ayer del mismo diario: “El Gobierno cede al BCE la tutela de la reforma financiera española”. Dejando a un lado la exageración del titular, la desconfianza en este caso se concreta en las cuentas de la banca y en el trabajo de supervisión del Banco de España. Lo reconoce el propio ministro de Economía, Luis de Guindos: “España necesita luz y taquígrafos”. Porque nadie se cree las cuentas que hacemos en España, añadiría yo. [...]

En la prensa

Gregorio Marañón y José Juan Toharia pedían ayer un imposible, consenso: “De la angustia cívica al pacto político” (El País). J. M. Ruiz Soroa utiliza la sanidad para hablar de “Los de casa y los de fuera” (El Correo). Dice Victoria Prego que, al 15-M, la policía le tiene que “Ganar sin aplastar” (El Mundo). Isabel San Sebastián, una indignada con los indignados: “No hay pienso para tanto pesebre” (ABC). Ignacio Camacho escribe sobre Rato: “Ex casi todo” (ABC). También atiza a Rato, y al PP, Manuel Martín Ferrand: “El cliente Rajoy” (República). José Luis Meilán Gil piensa que estamos “Sin alternativas” a la mayoría del PP (La Voz de Galicia). Y Javier Benegas escribe de “Érase una vez un país en el que casi nadie creaba riqueza” (Vozpópuli).

Un populismo muy popular

A raíz del resultado de la extrema derecha en las recientes elecciones griegas, se ha vuelto a escribir el artículo sobre la expansión del populismo que puede provocar una crisis económica. El artículo es un clásico, que recupera la actualidad con cada crisis y con cada éxito del populismo de derechas. En España se viene escribiendo una y otra vez desde que se inició esta crisis económica. Y quienes lo escribieron acertaron con el pronóstico, porque el populismo antipolítico tomó las plazas de ciudades españolas hace un año, el 15-M. [...]

En la prensa

Arcadi Espada, sobre la inanidad del 15-M: “Si se trata de beber” (El Mundo). Joseba Arregi, como siempre, luchando por la libertad para los vascos: “Ni románticos ni ingenuos” (El Mundo). En esta ocasión, no comparto la propuesta de Patxo Unzueta: “¿Es conveniente la reinserción?” (El País). Xavier Vidal-Folch no sabe a qué carta quedarse: “¿Nos atracan? Bien, pero háganlo en condiciones” (El País). Xosé Luis Barreiro Rivas dice que el problema de Rajoy no es lo que hace sino lo dijo: “Nada hay más incierto que un dogma” (La Voz de Galicia). José Antonio Zarzalejos ve kamikaze al Gobierno: “Las caídas de Rato y López” (La Vanguardia). Fernando Fernández, razonable y sectario sobre la crisis financiera: “Catarsis necesaria” (ABC). Y Primo González, sobre la falta de liderazgo económico del Gobierno: “Bankia, banco público, gestión privada” (República).

El fracaso de Bankia y de la clase política

Dando cumplido ejemplo de que, cuando la ideología está clara, la realidad está de más, Carlos Carnicero aprovechó la crisis de Bankia para indignarse contra “nuestros banqueros” ayer en su blog. Y lo hace cuando precisamente uno de los problemas de Bankia era ser un banco en el que no había banqueros, sino tan solo políticos y sus habituales acompañantes. Consejo de administración de Caja Madrid: 8 PP, 4 PSOE, 1 IU, 3 CCOO, 1 UGT, 2 CEOE, 3 otros (Wikipedia). Así se entiende que ayer, cuando les impusieron un banquero al frente del banco, algunos de esos consejeros se negaran a votarle (El Confidencial). Cierto que tenemos un serio problema con la banca y los banqueros en España. No obstante, el más grave, el de la banca pública, el de las cajas de ahorros, es responsabilidad de la clase política. [...]

En la prensa

Ignacio Camacho escribe sobre el presidente que está dispuesto a quemarse en “La pira” (ABC). José María Carrascal dice que ha llegado para Europa “La hora de la verdad” (ABC). El argumento de Roberto Blanco Valdés contra los hispabonos podría aplicarse a los eurobonos: “Autonomías: cuando pagan justos por gastadores” (La Voz de Galicia). Tiene razón Fernando Ónega en son “Juegos peligrosos en el País Vasco” (La Voz de Galicia). Santiago González se toma a Patxi López a chacota: “Hay motivos” (El Mundo). Ana Palacio argumenta que el capitalismo necesita mucho del Estado: “Al Estado eficaz, lo que es suyo” (El País). Elvira Lindo habla de “Lo vulgar” que resulta la moderación (El País). Como es habitual en Cataluña, también lo de Bankia se ve en clave territorial: Enric Juliana, “’À bout de souffle’” (La Vanguardia). Jesus Cacho cuenta el off the record: “Desolado Rato: ‘Mi partido me ha dejado tirado’” (Vozpópuli). Y Gideon Rachman dice que lo tiene difícil: “La crisis griega pone en evidencia a Hollande” (Financial Times).

La UE: el culpable exterior

Leo en El Mundo que “es difícil encontrar a un intelectual más capacitado que Petros Markaris para interpretar la situación actual de Grecia”. Así será si así lo dicen. En cualquier caso, el conocido escritor de novelas policiacas que yo desconozco tiene una opinión sobre lo sucedido en Grecia que está bastante extendida: “es la UE la que en última instancia ha perdido estas elecciones. ¿Qué se esperaban en Bruselas? Si creían que los griegos iban a tragar con todo sin rechistar, se equivocaban”. Como ocurre en España, son muchos los que culpan a la Unión Europea, o a Alemania más en concreto, de los males que sufre su país, y denuncian el déficit democrático que supone que las decisiones se tomen en Bruselas o en Berlín y no en Grecia o España. [...]

En la prensa

David Gistau, sobre las desventuras de Rajoy: “El catarro” (El Mundo). Manuel Jabois, también sobre la entrevista al presidente: “’All in’ de Rajoy” (El Mundo). José María Ridao es de los que piensan que la culpa es de la austeridad: “Europa sin apócopes” (El País). Fernando Savater habla de un libro: ”Auscultando nacionalismos” (El País). Gonzalo Bareño dice que es la desesperación: “Hollande, el mesías redentor” (La Voz de Galicia). Sostiene Eduardo San Martín que se veía venir por “El juego de Patxi López” (ABC). Veo a Clemente Polo recalentado: “El BCE y el futuro de la Eurozona” (Expansión). Y Fernando Glez. Urbaneja habla de cómo se cargaron una buena caja: “Caja Madrid, pudo hacerse mucho antes” (República).

Soy estúpido

Por muy mal que piense de la clase política española, por mucho que escriba que constituye el más grave problema que tenemos en este país, me parece que para llegar a ser secretario general del PP y del PSOE al menos no hay que ser estúpido. Es más, creo que María Dolores de Cospedal y Alfredo Pérez Rubalcaba son personas inteligentes. Por lo tanto, si los dos me trataron ayer como si fuera estúpido, pues motivo les habré dado. Me dice la secretaria general del PP: “Cospedal afirma que el Gobierno está cumpliendo con el programa electoral” (Cinco Días). Y pienso que puedo ser tan estúpido que ni siquiera entendí el programa electoral del PP. El secretario general del PSOE me dice: “Rubalcaba advierte al Gobierno de que el PSOE no admite sanear la banca con dinero publico” (ABC). Y pienso que debo ser tan estúpido que no entiendo que sanear la banca con dinero público estaba bien cuando Rubalcaba gobernaba, pero que ahora está muy mal. Lo dicho, si nos tratan como estúpidos, sus motivos tendrán. Aunque también podría pasar que, precisamente porque somos estúpidos, un día nos diera por votar al primer colgado que se nos presente y dejáramos en la estacada a la señora Samaras y al señor Papandreu.

En la prensa

Roger Senserrich analiza las consecuencias de las elecciones de ayer: “Europa vuelve a la casilla de salida” (Politikon). Guy Sorman, sobre la política francesa: “François Hollande, el socialista no comprometido” (ABC). Escribe Hermann Tertsch que, en lugar de solución, los griegos han buscado “Nefasto consuelo” (ABC). Felipe Sahagún le lanza el mensaje a Hollande: “Es la economía, estúpido” (El Mundo). John Müller escribe sobre el desaguisado autonómico: “Los cajones para las facturas siguen allí” (El Mundo). Andrés Ortega le da “Consejos al presidente Hollande para negociar con Merkel” (El País). Xosé Luis Barreiro Rivas, sobre el futuro de Europa: “Cerrada la pugna, se abre el debate” (La Voz de Galicia). Alfredo Abián se pregunta cuánto resistirá “La línea Maginot” socialdemócrata (La Vanguardia). Y Javier Benegas describe bien la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias: “La década negra, la crisis y la luz en el túnel” (Vozpópuli).