14.2.12
Vuelvo a leer a alguien que pide más. Más de todo lo importante: “Más libertad, igualdad y fraternidad”. Parece que lo pide por solidaridad con los sans-culottes que andan prendiendo fuegos en Atenas. ¿Quién? Qué más da. Hay personas por las que no pasa la historia: aún creen que basta con desear algo para que sea posible. Son incapaces de ver la imposibilidad de convertir la fraternidad en programa político o de hacerse una de las grandes preguntas: ¿de cuánta libertad es lícito privar a los ciudadanos para conseguir más igualdad? Para ellos todo es posible, más de todo. Optimismo irracional: el alimento de la utopía. Quizá no recuerden que el lema solía gritarse más largo, que tenía un añadido: “¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!”. Pero pasó el tiempo y se olvidaron de la muerte. Lógico. Hasta en la Wikipedia: “abandonada rápidamente por evocar reminiscencias del Terror”. Sí, “El Terror”, con mayúsculas. Porque El Terror de la “libertad, igualdad, fraternidad o la muerte” fue una de las grandes aportaciones de la Revolución Francesa a la política contemporánea. El primer intento a gran escala de utilizar la muerte para imponer la igualdad a costa de la libertad y, claro está, de la fraternidad. Y en su alborozo por la nueva esperanza que alumbra el fuego griego, algunos olvidan o prefieren olvidar el último componente de la fórmula mágica que prescriben: Madame La Guillotine.